Hay días en los que esta vida se me queda grande.
Cuarenta mil veces hemos sentido lo aterrador del abandono por parte de aquellos que considerabamos erróneamente vitales. Y no sé si he arreglado lo roto.
Debo mails, llamadas, visitas, a amigos de siempre y a los de ahora. Cuando puedo no es el momento y, cuando llega, estoy absorvida en otras cosas o, simplemente, se me olvida.
Hay días en que no vislumbramos porqué el mundo no se viene abajo para todos, que no entendemos que el resto del universo siga girando como si no hubiese pasado nada.
Después volvemos a esa rutina, nos secamos las lágrimas y andamos a la caza de la sonrisa que nos robaron.
Y es que los que continuamos aquí, estamos justamente para eso, para continuar.

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